Poemas de Silvia Ortiz

Poemas de Silvia Ortiz

 

TE LLEVO DE LA MANO

Cuando el canto del amor se disuelva
en la costilla de plegarias,
y maltrechos campanarios, 
y el sauce de un te quiero en abandono,
considere el hartazgo del delirio,
otro eco inconsistente cobre prisa,
sobre el cauteloso río del fracaso.

¡Te llevo de la mano amado mío!

En el verde olivo de tus ojos,
la savia del paraje deletrea el cántaro,
la angustia del te quiero y la inexorable marcha de ésta tarde, se atribuya el vacío existencial
de aquél garrote, puesta el alma,
la rosa del rosal está mi pecho,
en el pecho que carga el Cristo
de los mordidos héroes,

¡Te llevo de la mano amigo mío!

Las veces de mi amor en la cobija,
solitario el dardo del silencio,
la razón fingida,
la acera de palmitos
y el apagado fuego cesa
de punzar el alma tibia.

¡Te llevo de la mano, amado mío!

Silvia Ortiz, 16 de setiembre 2016 Derechos@Reservados!

 

NO MÁS DOLOR

Se incendian los abarrotes
de mi casa, los fuegos extinguidos
como el sol, cuando oculta el oído
la entrega de colores,
una noche cualquiera.

Se visten de luces las sombras,
la negra noche, abrumada,
entristecida en la palabra total
en este escrito,
este cuerpo en sepultura.

Destierro la muerte como
verdad en las luces de la sala,
en tus ojos muy ajenos,
en el riachuelo contaminado
de franjas eternas del hastío,
me atrapan, me duelen,
retirada en retirada,
capullo de caballos en la luna,
sombras que me restan,
luces sin luz.

Lámparas agónicas,
lances de guitarras en flamenco
de lo absurdo,
gente que se nutre, golpea
y me visita, habla y yo ausente,
sonrisa del abismo,
tiempo en la derrota,
abismo,
epicentro en las calles
visitantes sin esquema…
y fui arribo de vergüenza,
y la piel se va de la partitura,
y la piel no alcanza.

Cae la voz,
la gruesa lluvia confundida de tormentos,
fuegos que lo apagan sin salida,
candente, juiciosa, inspecciona,
impresiona,
cae entre jardines
de este frío que aglutina.

¡Oh Dios, oh divino trueno!
calles y duelos ¿dónde habitan las creaciones de tu boca?
¿Dónde tu mano aparece
en la niebla violácea de
colmillos Bárbaros de este continente
Americano?
desazón, hastío, bravura, fineza,
sólo silencio.

Cargando mis maletas
en el cruce del olvido,
silencio, silencio irreverente,
silencio, miserable silencio,
sombras de silencio,
silencio, silencio,
las calles del silencio,
copa endemoniada de este trance
que me cubre,
cubre la fosa de otro campo
en la batalla.

Miserable van los ecos,
el eco de la nada me ciega,
vuelta a la calle, la calle vieja,
la nada en la nada y la nada
¿qué es la nada?
lo incierto de este puente en orificio,
llevo entre mis piernas el obelisco de los cauces más ambiguos.

¡Ay querido miedo,
¡Ay querido suelo que recibes
mis huesos en el día impensado
y despoblado de los vientos!
¡Ay querida existencia desistida,
brusco hoyo,
cántaro de bueyes,
senda de senda,
calma de calma que se ausenta,
vivir y ser,
ser y vivir, la cuesta abajo.

Silvia Ortiz Escritora-poeta, La Ceniza de Otro Dios, 2014 derechos@reservados.

 

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