MENSAJE CON MI GRATITUD / José Revello

José Revello

MENSAJE CON MI GRATITUD

Hago un paréntesis. Quienes siguen la saga de estos últimos fragmentos, saben llego cierto momento con Don Genaro que tocando ciertos temas se abrió un abanico, en la medida este hombre fue explicando datos y relevancias y yo construir mis apuntes, fueron base de anexos y ampliación informática de sus enseñanzas. Y cuando decidí seguir los textos del libro de urantia, comencé un camino sin retorno. Siento el deber de seguirlo. Pero a veces me detengo. No es solo un respiro. Sino por necesidad de un instante de comunión con mi espíritu, conectarme un poco con el infinito. Sino de veras no podría continuar. Pero también hay otras cosas importantes. Primero, es el no creérmelo. Es decir no caer en la engañosa y resbaladiza superficie del ego. Por mi naturaleza eso no me afecta. Segundo, disfrutar y escuchar a mis amigos, los que se multiplicaron como flores en primavera. Y esto, para a un hombre sociable sí, pero, a su vez, muy solitario como yo -lo he sido siempre- es un cumplido maravilloso. Tercero, entender soy un instrumento. Y cuarto, el esfuerzo que en si significa y el amor por lo que voy dando. Si no tuviera esa claridad y valor en mi corazón -quizás más que mi mente-, no existirían estos fragmentos. No me hubiese animado. No por ser mis escritos, sino por la enseñanza que profesan y debo transmitir. Pero, de todo esto, lo que sentó el banco del asombro, fue llegar al “borde” del manto del Maestro. Nunca pensé como pretendido escritor abordar -encima por redes sociales- nada menos que la vida de un Maestro de la magnitud de Jesús, de lo que sabemos, pero desde otra dimensión, perspectiva y profundidad. Desde los conocimientos que me fueron dados a conocer. Y lo hago libremente, con absoluto respecto, sin filtros ni conceptos preconcebidos ni ideas personales. Pero sospecho -más intuyo- existe un “hilo invisible” que me ayuda. Sino no me sentiría capaz de hacerlo. De eso tampoco tengo dudas. Yo sé, cada uno debe sentirlo a su manera. Lo que le dicte su corazón. Lo que les haga más feliz. Lo que abra su mente y les permita pensar y, sobre todo, sentir y confiar, que no sentirse un poco más amados. En lo personal, primero por crianza, y luego por elección de mi ser interior, Jesús fue siempre mi referente, mi sublime maestro, al cual venere, aunque, no por eso, no contemple, estudie, respete y acepte conceptos de otros maestros. Pero mi vocación mística quizás puedo decir nace de “cinco gotas del océano”. Uno soy buen pisciano. Pez y agua por excelencia. Segundo, soy hurgador de las sensaciones. Tercero, fluyeron desde muy niño las palabras, antesala creativo de mensajes y cantos. Cuarto, amo la música. Y como quinto y último dejo a una de las virtudes más importantes del ser humano: AMAR Y SOÑAR. Estas cinco “sintonías místicas” fueron el fluyente de mis días, amén de otras cosas personales, se entiende. Pero no solo por principios básicos religiosos en que fui criado (mis padres fueron bastante liberales a este aspecto, de hecho, uno de mis hermanos profesa el budismo) sino por mi búsqueda ”más allá de las cosas” y abrir mis periferias, donde mis intuiciones y experiencias fueran voces de mi corazón. El dictamen de los circuitos interiores. Pero busque entender, por el camino espiritual, bordeando, hurgando mi propio espíritu, a través de mis escritos. Nací con la cualidad de la narrativa, lo cultive y es mi mayor gratitud a la vida: poder ofrecerlo, porque a través de mis relatos, algunos de corte autobiográficos, mi cultivo intelectual, mi continua reflexión y, sobre todo, mis 11 años navegando en sentido de búsqueda, me dio la seguridad y la paz necesaria (de mi verdadero fondo, de mi parte más íntima. No tanto de la tarea del quehacer cotidiano) para seguir el camino. Pero algo si no me cansaré de repetirlo. Solo gracias a sus fieles lectores y seguidores -los “protagonistas” de esta historia- llegue hasta aquí con múltiples premios en todo el mundo y reconocimientos, hasta lugares remotos como la india y la china, como nunca soñé tenerlos. Por eso cuando los recibo, los comparto de inmediato en biografías y chat privados, como algunos grupos. No es por vanidad. Es mi gratitud y reconocimientos, a su vez, a todos ustedes, donde quiera se hallen y sean, a los que, en realidad, conocieron, adoptaron y amaron la apacible imagen del viejo Don Genaro, mi añorado y recordado amigo y maestro. Sin ustedes nada de eso hubiese sucedido. No hubiese sido historia. A mi poco me conocerían. Y quizás ni siquiera me leerían. Y un escritor sin lectores es un escritor vacío. Y lo que podría ser peor, frustrado. No es mi caso y eso me sosiega. Yo estoy despierto -afortunadamente no muy consciente- de lo voy dando casi diariamente. Pero mucho más es lo que recibo. Quizás no suelo hacer demasiados comentarios y pareciera las cosas catastróficas del mundo “no me importasen”. Es bien lo contrario, me afectan y duelen demasiado. Si pongo me encanta y me gusta. Pero el no comentar demasiado no significa no los lea o no los tenga en cuenta. Eso no es así. Es cierto por otra parte me han honrado con la presidencia de la Unión Mundial de Poetas Argentina, y hecho administrador de lo menos 15 galerías de las uniones mundiales de Poetas. Amén de otros grupos, sumado a mis 16 grupos personales ¡¡caray eso sí es un abanico!! Por lo tanto me llenan de publicaciones. Pero no lo expreso como excusa. Me encanta y mientras pueda -me dé el “cuero”- seguramente lo seguiré haciendo. Pero yo los amo, los escucho y los respeto por sobre todas las cosas. Nunca en face me extralimite ni siquiera critique a nadie. Solo expuse mi opinión. No es mi modo de ser ni menos mi política como escritor. Y por demás, apoye y anime a varias personas a escribir con sus palabras, sus sentires. Y con gusto y satisfacción, puedo decir fueron ya varias veces premiadas. Se animaron y ¡que poetisas nacieron¡. Sin embargo un pobre hakers parece haber injuriado e insultado “en mi nombre”. Eso me apena. Ya fue denunciado y publique su advertencia. Más allá de eso estos seres de baja condición existencial, no tienen conciencia de lo que les espera. No lo creen. No les importa. “Son estupideces. A mí no me toca. No me pasara” son sus pensamientos. No conocen los siete principios de la creación. Y eso más que inconciencia, yo lo llamo FALTA DE CONOCIMIENTO. Pero yo sí lo “capte” y comprendí y lo que importa, lo experimente -desde la enseñanza y el conocimiento- descubriendo las sutilezas dramáticas de su única verdad: La devolución de efectos a la causa original. Quizás estos fragmentos los “iluminen” un poquito. Lo dudo soy sincero. Pero al menos vale la confianza. Pero aquí quiero aclarar a ninguno de ellos -ni por remoto asomo- está dirigido y dedicado este paréntesis. Sino con mi gratitud a mis seguidores que tanto apoyo y animo me brindaron y me brindan, no solo sus comentarios o me gusta, sino los más allegados, muy cordiales y atentos, en estos casi tres años en Facebook, a través de mi chat privado.
Con afecto y gratitud

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