EL MENSAJE EN LA FUENTE (Fragmento de: “similitudes del tiempo”) / José Revello

José Revello

(Fragmento de: “similitudes del tiempo”)

EL MENSAJE EN LA FUENTE

“El amor no es un misterio. Es el éter más grande de la especie humana.”
Este fue otro fragmento publicado en su momento. Está incluido en “Similitudes del tiempo”. Pero lo escribí sin mencionar su fuente original. Esto lo conto la mujer que “tejió” la historia de la fuente. “Dale su curso si lo deseas. Pero por favor no nos menciones.”
Y así quedo. Yo expuse su relato y le brinde -porque lo merecían- su lado poético. Así pues esta historia fue real. Yo conocí a sus amorosos protagonistas.

A veces la tristeza conduce a extraños caminos. Aquel amanecer me sorprendió sentado en la fuente mirando la suave caída del agua del cántaro sostenido por el niño. Mármol frio y perpetuo envolvente de sensaciones. Y ahí en la fuente perduran… quizás esperando a eternidad en el tiempo. Varias veces he estado saboreando tu compañía. Pero ahora en mí soledad, silenciosa, tan frágil que lo quiebra un suspiro, déjame, en esta postergada carta, contarlo. Mis palabras de mi fondo guardado por única vez cuenten la historia que quizás… solo haya sido mi sueño. Puedo hacerlo, porque sé, cuándo leas estas líneas, estarás lejos y no sucumbiré en tu mirada. Quizás rías y otras cosas digas. No sé porque estaré lejos también y seremos distancia. No puedo decir no habite la ensoñación –allá pérdida- de verte en mis brazos. Más no sea por consolarte. Pero sabía –siempre supe- me amabas de otra manera. Fuimos los niños que crecimos en la picardía de ser amigos. Así el tiempo tejió su paño y nos cubrió de los fríos. Pero cuando eras calor y risa desprendida de correrías y novios furtivos, yo miraba pasar la brisa llevando tu encanto al son de mi pensamiento… yéndose lejos. Pero me querías. Me idolatrabas de otra manera. Y estaba bien, era limpio y redentor sentirlo. Así crecimos y fuimos adultos, conversando y compartiendo cosas que juntos pasamos. Fueron primaveras cubiertos de otoños. Pero ahora el tiempo se detuvo. Los rumbos cambiaron. Los silencios fueron profundos, como mayor silencio. Y aquí estoy en la fuente donde locuras contamos. Es extraño cuando la tristeza nos cobija a veces volvemos a donde quizás tuvo su origen. Lo sé, tantas veces quise decirlo y no pude, mis palabras se ahogaron en miedoso deseo. Miles de veces fueron la búsqueda de forma y espacio y nunca vino. No que no haya existido. No me anime a confesarte hacía tiempo había pasado la antesala del amor y la pasión contigo. Era como quebrar algo genuino. Tal vez zurcido de otra manera. Pero mi corazón lo esparcía a la infinitud. A nuestra intima infinitud. Ahora tengo esta carta en mis nanos. Ya termino mi confesión. Las escribí. Las libere. Ahora estoy mejor. Lejos y con mi desencanto. Pero como bello poema inédito. Nada malo hay en eso, bien lo se amor. Pero mejor seamos caminos. No sé si quizás el saberlo algo cambie. No sé. Quizás por eso como escribí mi confesión, no te la haga llegar. Sino la deje en la calma estática de la fuente. Mejor será así. Esta fuente guarde mi amor. Su agua cayendo sea eternidad.
En uno de su costado circular, donde había otro pequeño cántaro con plantitas, ahí entre su borde deje mi carta. Aprisionado y oculto. Quizás mi amor fuera una locura. Pero amada sabes cuan profundo son mis sensaciones. Me conoces como nadie quizás. Seguramente en algunos otros días te veré. La distancia no es olvido en nosotros. Solo distancia. Pero esa carta ahí oculta quedara. Es mi regalo. Ya no a tu persona sino a la vida que juntos compartirnos. Y yo partí. Algún contacto tuvimos. Pasaron cinco años de aquel amanecer en la fuente. Hoy volví al barrio. Me rencontré con calles que siguieron siendo mías. Estoy sentado en la fuente. Mi secreta fuente. Pero algo me confundió. No lo esperaba. Mi carta desapareció. De lo oculta y pertrechada que quedo fue encontrada. Algún chico en su travesura. Pero alguien por seguro leyó mis líneas pasionales, quizás burlándose. Pero, si en tal caso, algo le quede. Sumido en mis pensamientos vi acercarse a Amalia donde estaba. Ella nos conocía de chicos. Se alegró mucho de verme. Dijo no saber que había vuelto. Pero que lo esperaba. Me conto –fue bálsamo a mis oídos- que vos mi querida, hacia unas semanas habías vuelto con idea de quedarte. Yo no lo sabía. Fue una gran sorpresa. Ni bien lo digo me pidió la acompañara a su casa, allí justamente estabas. ¡¡Como se aceleraron los latidos de mi corazón! ¡¡Tantas cosas por hablar!! Cuando llegue Amalia conocedora y prudente, nos dejó a solas. Estabas hermosa, cambiada, diferente. Eras la misma, pero radiante y madura. Quizás solo habías crecido. Eras esa mujer que trajo revuelos interiores inconfesados. Esa tarde entre cosa nuestras, hubo algo mágico, impensado. Fue cuando sacaste un sobre. ¡¡Bendita sea!! ¡¡Si era mi carta de la fuente!! No comprendí. Me dijiste Amalia aquel día me había visto esconderla. Cuando me aleje la recogió, al leerla comprendió. La guardo esperando alguno regresara. Más ella. Dijiste hacia una semana venias leyendo. Que muchas cosas paso por tu cabeza. Más por tu corazón. Me agradeciste la valentía de mi confesión. Mi amor profundo y sincero, lleno de sensaciones. Y con lágrimas en los ojos, bellos y luminosos, agradeciste yo tomara la iniciativa que ella nunca se animó a tomar…
El primer otoño viniendo de aquel día, en una sencilla ceremonia nos casamos. No había porque esperar. Dicen los amigos que juntos crecieron no pueden ser amantes. No puedes trasgredir el paso de tocarse y hacer el amor. Para nosotros son vanas palabras. Las correrías de barrio y lo que vivimos juntos allano el camino de comprensión, confianza y dialogo fluido y tan nuestro. Con mi preciosa mujer ahora lo acordamos. Sera un ritual sagrado. Una vez cada dos meses pasaríamos una tarde en la fuente. Al principio solos. Cuando tengamos nuestro primer hijo con él iremos y un día conocerá su mágica historia.

(Fragmento de: “similitudes del tiempo”)
Derechos de autor Reservados

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