SI PUDIERAS COMPRENDER / José Revello

SI PUDIERAS COMPRENDER

 

José Revello

Si pudieras comprender amor, si amándote perdí el sentido de encontrarte. Si supieras valorar lo que pierdes, alejándome por siempre de ti. Si supieras flotar eso bueno que del fondo oculto en tu vanidad descubrí. Si supieras estimar el amor que comprensivo brinde, que en tu sentir fue juego y desinterés. Yo sé en mi caminar otro amor encontrare. Mas tú no sabes la soledad en ti será constante compañía. Nada puedo hacer si no escuchas, ni siquiera besas sintiendo el ardor de la amorosa entrega. En mi adiós fuiste casi despreciativa, siendo los murmullos de tu ego la simple aceptación. No creas siento he amado en vano. Así dolido y lejano, su aliento y brisa alimento. Pero en mi quedo, en mi corazón, su sola semilla broto. Más en ti fue olvido, vendaval y resquebror. Quise redimir por comprensión, desmoldar las piedras de tu vano sentir. Pero tu interés y ambición pudo más. Esa noche me fui dejando también cosas mías en el camino de tu pasado.
Los años pasaron…
En recodo del sinuoso camino otro amor esperaba. Nos encontramos doblando la esquina de los sueños y el porvenir. Y el resto de mis días contigo compartí. Un día, en esas sabias vueltas de la vida, donde menos esperaba, sentado en una plaza, de pronto al otro lado, debajo de un árbol, la silueta de casi sombría mujer llamó mi atención. Y de pronto te reconocí…. ¡Gran Dios si eras ese amor de mi olvido! Me acerque despacio y me reconociste. Más bajaste tus ojos. Como viendo un fantasma que no querías mirar. Aun así llegue y me senté a tu lado. Salude con gusto y sorprendido por el encuentro. Tú sonreíste casi forzada. Te descubrí envejecida, tus ojos hundidos, tus sienes sesgado de crudos inviernos de frio y poco calor. Comenzamos hablar y preguntaste como me había ido en esos años. Conté de mi señora y mis hijos, el bello nieto recién nacido. Fui feliz. Pero tú entre forzadas y dolidas palabras tejiste otra historia, donde quizás acompañada aun recluida viviste. Comprendí mi presunción del ayer, cuando me fui de tu lado era ahora visible realidad. Mas no sentí enojo. Ni nada más que algo de piedad. Y te dije:
“No más que cierta amistad puedo darte. No más escucharte y compartir mis palabras.”
Tu mirada fueron esos inviernos. Y tus labios murmuraron esa palabra, suave y despacio, casi imperceptible que se me escapa.
“¡Gracias!….”
Saludo y camine yendo a casa. Compartiría aquel causal y curioso encuentro con Melina. Yo sabía seguro, un día la conocerías y a mis niños. La conozco. Melina es asentimiento y pura bondad. Al retirarme algo sutil dio su perceptible señal. Sin querer trasmitiste ese oculto, arrepentido y guardado pensamiento en el cofre cerrado de los años.
“Que habría podido ser de mi necia vida… ¡si esos días hubiese sido capaz de ver y comprender!..”
Colgado al viento se fueron esos frágiles pensamientos. Mas, ahora tienes un amigo, porque el amor así ido y lejano, no abandona, yo sé necesitas un poco de abrigo. Mis niños jugando en la plaza con Melina cebando mate, la sonrisa queda y postergada un poco, quizás, se dibujen en tu cara. Y aun quizás, aquel nuestro amigo de los años, que su viudez penaba, un día sea contigo sentado en esa plaza. Pero ahora se del corazón tus labios agradecerá la oportunidad que tu ego en aquel entonces negaba.

(Fragmento de: “Similitudes del tiempo”)
Derechos de autor reservados

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