El OCASO / Poema de Elisa Barth

Poema de Elisa Barth

 

El OCASO

Alianzas de conveniencias blanden sus palos,
militancia de la oligarquía oculta en la izquierda,
grupos violentos en contra un pueblo trabajador.
Una organización subversiva en contra de sus propias raíces,
acusan a la clase honesta, a los que hacen patria.
Llegaron al poder evocando a Perón y a Evita,
tuvieron doce años el poder absoluto,
disfrazados de corderos, mientras
con engaños robaron y estafaron al pueblo
Distribuyeron entre unos pocos las riquezas
de una Nación libre y soberana,
dejando a un pueblo sumido en la miseria.
Su arenga constante de justicia social izquierdista
justificando el hambre, mientras
ellos disfrutaban el dulzor del capitalismo.
Un paradigma, enarbolan banderas
el nombre del “Che”,
con el Túpac –Amaru …
Túpac fue ajusticiado por la defensa de un pueblo oprimido,
mientras estos politiqueros oprimen al pueblo con su ambición,
Víboras bravas, deshonrando a sus pares.

Llora el gran Túpac Amaru,
desde el centro del corazón ancestral de su raza india,
bajo la angustia de un pueblo burlado …
Hicieron mazacote su identidad,
le regalaron vergüenza a la aldea jujeña,
han vendido sus raíces, dejando a una patria empobrecida.

¿Patriotismo? ¿esperanza social?
cuando se deja a niños sin pan
a cambio de una lujosa mansión.
¿son patriotas?
Hipócritas, siguen hablando del amor a los pobres,
mientras cimientan el poder con sus militantes.
Muchachos bajen de los cerros, cual diablada
contra la corrupción, la mentira de una piquetera
que solo ostenta el poder con el dinero del pobre,
un buitre carroñero peor que los piratas ingleses.
Déspota, junto a sus militantes pechean a los humildes,
puneños y kollas.
Vendieron a su raza por el brillo del dinero.
Víbora brava:
los cambiaste, los prostituiste, los hundiste en la miseria
con tu ambición para amasar tu fortuna, hasta
negociaste los bolsones de comida para los pobres.
A esos pobres que esclavizaste, que golpeabas públicamente
humillando su condición social, creyendo que eran tus lacayos.
Les diste migajas durante mucho tiempo y si no te apoyaban,
impunemente los despojabas de sus derechos

Te olvidaste de los pobres,
de esos pobres que no aceptaron un plan social
Dios del amor, ten piedad…
El Dios de la guadaña se mete hasta debajo de las sotanas.

¡Ay! de los que se olvidan de los mandamientos
y son parte de la iglesia al salir en defensa de los que saquean
con su poder demoníaco, vistiendo un alma envanecida,
que desde su púlpito con una cruz en la mano bendice a los saqueadores.

Elisa Barth. Derechos reservados.

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