Poemas de JAIME IGNACIO JARAMILLO CORRALES

 

Jaime

 

 

Poemas de JAIME IGNACIO JARAMILLO CORRALES

 

 

INVENTARIO

 

No debo nunca aceptar que sin ideas me quede,

esta musa que me quiere, musitar adentro siento,

y me dice muy quedito: eres un bardo que puede:

¡llegar conmigo muy lejos, pues te regalo mi aliento!

 

Han devorado mis ojos incontables maravillas

que se han quedado en mi alma, haciéndome las delicias;

en el inventario que hago constituyen las semillas :

¡con las cuales van creciendo un puñado de primicias!

 

Este oficio siempre he dicho, duro suele ser a veces,

pero transcurrido el tiempo la cosecha es inminente;

la vida mutarse vemos, en nuestra pluma con creces:

¡y al bardo con su belleza no hay criatura que lo afrente!

 

Del oriente al occidente se observa un despliegue hermoso

de la vida jugueteando con todos los elementos;

atónito los observo y es simplemente asombroso:

¡por saber tantas verdades van mis sentidos sedientos!

 

Quiere mi numen hacer un minucioso inventario

de muchas desigualdades que en el planeta prosperan;

¿por qué si hay tanta riqueza pequeños son los salarios?:

¡les da igual a los de arriba que los pobres de hambre mueran!

 

Al hilvanar estos versos hay muchas contradicciones

pero también coherencia desde el primero hasta el último;

para tejer mis fonemas me asisten muchas razones:

¡y anuncio que este cuarteto lucirá como el penúltimo!

 

Por hoy descansará el estro, la cita ha sido cumplida,

tengo una copiosa veta donde el cálamo se apresta;

y con precisión describe lo que concibe mi vida:

¡para juntar las palabras llevo mi conciencia honesta!

 

 

 

LIMPIOS Y CLAROS

 

Han levantado ciudades, sostienen muchas empresas,

son los pobres de la tierra quienes muchos utilizan;

su patrimonio más grande se compone de promesas:

¡y los ricos y señores, obreros, los bautizan!

De las minas sacan oro, y esmeraldas relucientes,

con el sol sus ojos abren y conviven con la muerte;

Dostoyevski habló de ellos, tratándoles: Pobres Gentes:

¡no obstante, ser miserables, tienen la conciencia fuerte!

Víctor Hugo los menciona en un hermoso tratado,

porque allí mismo en Florencia por doquier los vio cercanos;

además, con la palabra, lució siempre iluminado:

¡y se situó con grandeza, entre tantos veteranos!

Hacen colas para todo, con sudor las arcas crecen,

sin su esfuerzo es imposible que prosperen los avaros;

nunca he visto que reciban todo aquello que merecen;

¡al momento de hacer cuentas, suelen ser limpios y claros!

También construyen la fosa para su descanso eterno,

sus huesos en poco tiempo, convertirá en polvo el horno;

y como si no bastara, los amenaza el infierno:

¡del cielo el sello ganaron cual su más seguro adorno!

Poblado de maravillas tienen entero el planeta,

amasando con sus manos cientos de miles de formas;

para librarse del yugo, ya conocen la receta:

¡han descubierto el engaño de las concebidas normas!

Los que ostentan el poder nos buscan para contarnos,

y en épocas de elecciones somos muy apetitosos;

después sin ningún empacho, ordenan esclavizarnos:

¡ porque para los señores: somos necios y estorbosos!

 

 

FUEGO ARDIENTE EN MI BOCA

 

Se me han ensanchado de nuevo

estas ganas de vivir

y voy a devorarme el mundo

igual que brioso alazán.

Tengo prendida a mi grupa

la más guapa de las musas

que lleva alforjas cargadas

con mies y luz abundante

de letras finas que al darme

son fuego ardiente en mi boca

convirtiéndose en palabras

que luego brotan cual llamas

sonoras y muy graciosas

y crepitan en la pluma

armando una sinfonía

donde todos los colores

muy puntuales se dan cita

creando un arco sonoro

con las notas inefables

del pentagrama que vibra.

Juntos hemos recorrido

en feraz itinerario

aquellos bellos lugares

por donde también pasaron

dioses y héroes solitarios.

En la Cuenca Mediterránea

nos quedamos extasiados

un atardecer glorioso

en las alturas de Capri

teniendo en frente a Pompeya

con su vecina Herculano

custodiadas por el Vesubio

después del furioso baño

que el año setenta y nueve

con hirvientes materiales

en las entrañas cocidos

les hizo correr a mares

dejándoles sepultadas

bajo la ira anunciada

por tanta dilapidación

de la moral necesaria

y licencia exacerbada.

No quieras abandonarme

que sin fuerzas quedaría

y mientras vayas conmigo

los dioses nos son propicios.

El periplo agotaremos

hasta las mismas antípodas

sin temerle a felonías…

¡porque juntos venceremos!

 

 

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